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Artículo: ¿Qué se necesita para cambiar la historia?

En noviembre de 1517 un monje agustino visitó la ciudad de Roma, donde se dio cuenta de los excesos de la jerarquía de la iglesia, y la falta de santidad de la capital de la cristiandad. Siete años después, este monje escribió un análisis del tema de las indulgencias en 95 afirmaciones, que hoy se conocen como las "95 tesis". Imprimió este documento y lo clavó en la puerta de la iglesia del Palacio en Wittenberg, Alemania el 31 de octubre de 1517. Sobra decir que el nombre de este monje es Martín Lutero.

¿Qué se necesita para cambiar la historia? El final del evangelio de Lucas ofrece una reflexión interesante en cuanto a la manera en que Jesús comenzó el proceso que trastornaría la historia humana para siempre.


Jesús resucitó

En Lucas 24 leemos acerca de la resurrección de Jesús. El primer día de la semana se levantó: derrotó a la muerte y salió de la tumba con un cuerpo glorificado. El episodio del "camino a Emaús" es bastante interesante, y aparece únicamente en el evangelio de Lucas. Jesús se aparece a dos discípulos mientras iban de camino a la aldea llamada Emaús, aunque ellos pensaron que era un simple peregrino que había estado en Jerusalén por la pascua.

Llama la atención el versículo 21, donde ellos admiten que habían abrigado la esperanza de que Jesús redimiera a Israel, pero que ahora lamentan que ya habían pasado tres días de su muerte. Entonces, Jesús (sin darles a conocer quién es) les explica todo el Antiguo Testamento, haciéndoles ver que habla acerca de Él.

Después, la narración sigue avanzando, y nos encontramos con que estos dos discípulos se dan cuenta de que el forastero era Jesús mismo, y corren a Jerusalén a encontrarse con los once. Apenas llegan, comienzan a relatar lo sucedido, y los once les cuentan, a su vez, cuando Jesús les apareció.

De inmediato, relata Lucas, Jesús aparece entre ellos dando evidencias de que en verdad es él. Jesús les muestra sus manos y pies (v. 19), e incluso come frente a ellos. Seguramente este episodio forma parte de las "pruebas indubitables" a las que se refirió Lucas en Hechos 1:3.

¿Qué se necesita para cambiar la historia?
La resurrección de Jesús es un hecho que los cuatro evangelios describen como un suceso histórico. Lucas es el autor más interesado en mostrar la veracidad de este evento. Y no se trata solo de un hecho documentado; el apóstol Pablo lo expresó diciendo: "si Cristo no resucitó, nuestra predicación no tiene sentido, y tampoco tiene sentido la fe de ustedes." (1 Cor 15:14, RVC).

Estamos hablando de la base de nuestra fe, y la base de nuestra esperanza. Es fácil dejar que la resurrección de Jesús se vuelva una fecha en el calendario, una frase recitada de memoria, o hasta algo más parecido a una leyenda. Los discípulos nunca fueron los mismos después de experimentar la resurrección de Jesús. Ellos lo vieron, y todo cambió.

Nuestro desafío es vivir cada día con la resurrección de Jesús en nuestra mente. Vivimos porque él resucitó, y nos dio vida. La resurrección no sólo sucedió en la historia, transformó la historia para siempre. Ahora es posible vivir en él, y trastornar el mundo, viviendo el reino de Dios.

Jesús abre el entendimiento

Pero el relato no se queda allí, Lucas registra el diálogo entre Jesús resucitado y glorificado, y sus asombrados discípulos. Jesús pareciera decirles que no deberían sorprenderse por lo que está sucediendo. "Lo que ha pasado conmigo es lo mismo que les anuncié cuando aún estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos." (v. 44, RVC).

Jesús les ayuda a comprender que toda la enseñanza del Antiguo Testamento profetizaba lo que él hizo. Él menciona las tres secciones en que se dividía la Biblia hebrea: La ley de Moisés (Pentateuco), los profetas (Profetas anteriores: Josué, Jueces, Samuel y Reyes; y Profetas posteriores: Isaías a Malaquías), y los Salmos (libro que encabezaba la tercera sección, llamada los escritos). En otras palabras, Jesús dice nuevamente que el Antiguo Testamento habla acerca de él.

El versículo 45 dice que Jesús les abrió el entedimiento para que comprendieran las Escrituras. Así que ellos pudieron entender, con un entendimiento espiritual (ver Col. 1:9), lo que las Escrituras enseñan acerca de Jesús. En los versículos 46 al 47, Jesús describe detalladamente todos los sucesos que estaban profetizados, es decir, todo su ministerio.

¿Qué se necesita para cambiar el mundo?
Los discípulos recibieron el don de la comprensión de la Escritura. Este don es dado por Dios a todo aquél que deposita su fe en Jesús y es transformado por el Espíritu Santo. En el libro de los Hechos nos damos cuenta de los efectos de este suceso.

Cuando leemos discursos como el de Pedro en Hechos 2, o el de Esteban en Hechos 7, o los muchos discursos de Pablo, por ejemplo, en Hechos 13 o 17; nos damos cuenta de que ellos comprendieron que toda la Escritura dada a Israel hablaba acerca de Jesús.

Este es nuestro llamado y desafío. Hoy debemos comprender, enseñar y proclamar la Biblia como un libro que habla de Jesús. Debemos comprenderla como Jesús nos llama a comprenderla: Él es el centro del mensaje, no nosotros. Si al leer la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, sólo nos vemos a nosotros mismos y no vemos a Jesús, entonces no la estamos leyendo como él nos llama a hacerlo.

Debemos enseñarla a los creyentes de la misma forma: Enfocándonos en la obra de Dios en Cristo, y su llamado hacia nosotros. Y finalmente, debemos proclamarla del mismo modo. No podemos proclamar el mensaje bíblico al mundo si no somos capaces de mostrar cómo Jesús es el punto principal de toda su enseñanza.

Jesús envió a los discípulos como testigos

Jesús añade una sorprendente frase: "De esto, ustedes son testigos." (v. 48). Es sorprendente porque les ha hablado de profecías que tenían miles de años de antigüedad. Desde Génesis 12:1-3, 1 Samuel 7, Isaías 52-53, entre muchas otras, encontramos promesas que Dios estableció con diferentes personas, pero que ellos nunca vieron. Pero los discípulos eran testigos, ellos lo habían visto suceder ante sus ojos. Tuvieron la gran bendición de ver cómo se cumplían las esperanzas prometidas a su pueblo por generaciones.

Ellos lo vieron, y Jesús los envió como testigos. Sabemos que lo comprendieron bien, pues basta con ver pasajes como Hechos 4:20, 1 Juan 1:1, 4, para darnos cuenta de que tomaron muy en serio su responsabilidad como testigos oculares de aquello que había sido anunciado por los profetas.

En el resto del relato, podemos observar que Jesús los está comisionando, pero también les ordena esperar la promesa del Espíritu Santo. Aún quedaban promesas por cumplir, y ellos serían parte de este cumplimiento. Tal vez no eran conscientes, pero estaban a punto de ver cómo irrumpía un cambio tremendo en la historia. Jesús asciende y los discípulos obedecen su mandato. Vuelven a Jersualén, y se mantienen unidos y activos mientras esperan la promesa.

¿Qué se necesita para cambiar la historia?
Aquí concluye el relato de Lucas, pero no la historia. Aquél mismo año, en el día de Pentecostés sucedió algo único: Dios cumplió su promesa invistiendo de poder a los discípulos. Ellos dieron testimonio del evangelio en todo el mundo conocido.

Tiempo después, el Imperio Romano abrazó la fe cristiana como la religión oficial bajo Constantino. Esta situación no tardó en convertirse en una institución decadente bajo el papado. Pero llegó el momento de la Reforma Protestante en que Dios usó a personas como Lutero, Calvino, Zwinglio, Knox, Enrique VIII, entre muchos otros para que el cristianismo volviera a enfocarse en la Palabra de Dios.

Pero la historia no se detuvo allí, sino que continuó hacia todos los continentes; y a través de misiones al nuevo mundo y diversos métodos (algunos muy cuestionables), el evangelio ha llegado a miles de lugares. Eso nos trae al presente, en que la historia sigue adelante y Dios sigue actuando.

La promesa que esperamos hoy es el regreso glorioso de Cristo. Y debemos esperar activamente, tal como nos han enseñado los hombres y mujeres de Dios a lo largo de la historia.

Nuestro turno

Hoy nos preguntamos de nuevo: ¿Qué se necesita para cambiar la historia? Pues bien, no se trata de nada nuevo, ni que podamos inventar o hacer por nuestras fuerzas. Jesús ya lo ha hecho. Lo sigue haciendo. Sigue transformando la historia a través de su presencia en la comunidad de creyentes.

Hoy necesitamos vivir desde la resurrección de Jesús; comprendiendo, enseñando y proclamando la Escritura desde la comprensión que él nos ha dado; siendo testigos de lo que él ha hecho, hace y hará. Esperamos su regreso viviendo con fe y acción basadas en la Palabra verdadera.

Así la historia seguirá cambiando en manos de Dios; y nosotros, siguiendo las pisadas de Jesús, seguiremos trastornando el mundo.

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