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Meditación: Vayan y hagan discípulos

Foto: "Aprendiz", por Neil Gould, Australia

Lectura: 2 Timoteo 2:1-13

La gran comisión

En el texto conocido como la gran comisión, Jesús dio estas instrucciones a sus seguidores:

Jesús se acercó y les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Enséñenles a cumplir todas las cosas que les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.» Amén.
(Mateo 28:18-20, énfasis añadido)

Hemos resaltado en el texto los conceptos "hacer discípulos" y "enseñar a cumplir". Estos dos elementos del mandato hablan de un proceso de formación intencional y constante, para preparar discípulos del Señor.


Jesús explicó muchas veces a qué se refería con la palabra discípulo. Él mismo dio el ejemplo de lo que significa hacer discípulos al pasar tiempo enseñando y entrenando a sus seguidores, en especial a los doce apóstoles, y (aún más profundamente) al "círculo íntimo": Pedro, Jacobo y Juan.

La Escritura nos presenta en varias oportunidades el proceso de hacer discípulos. Tomaremos solo un ejemplo para comprender un poco más la profundidad y complejidad que encierra el mandato de hacer discípulos.

Pablo y Timoteo

Pablo fue un misionero pionero: inició misiones en diferentes ciudades, realizó viajes pioneros, aun en lugares donde no había sinagogas. Sin embargo, también invirtió tiempo en formar discípulos. El más destacado de sus discípulos (por lo menos al que podemos conocer mejor) es Timoteo.

Pablo conoció a Timoteo en Listra, y lo tomó consigo como compañero de viaje misionero. Así lo relata Hechos 16, donde Lucas describe a Timoteo como un discípulo de quien los hermanos hablaban muy bien. Se presume que Timoteo era bastante joven en ese momento.

Andando el tiempo, tras algunos años de ministerio junto con el apóstol Pablo, de acompañarlo en sus prisiones, de dirigir cartas a diferentes iglesias junto con él, Timoteo llegó a estar a cargo de una iglesia local en Efeso.

Miraremos de cerca un fragmento de la segunda carta que Pablo envió a Timoteo para meditar en algunos aspectos del discipulado que Jesús nos pide.

La última carta

2 Timoteo es la última carta escrita por el apóstol que se conserva. El tono de esta epístola está marcado por la urgencia de que la obra del evangelio siga adelante, así como por la soledad del apóstol en sus prisiones, y la certeza de que su muerte está muy cerca.

La carta indica que Pablo sabe bien que es su última prisión, y que su condena no tardará mucho en ser pronunciada. Pero además de esto, muchos discípulos del apóstol lo han abandonado. Algunos incluso han dejado la fe. Humanamente hablando, Pablo está más solo que nunca. Todos sus esfuerzos parecen haber sido en vano.

En este contexto, encontramos estas valiosas enseñanzas de un maestro a su discípulo; del Señor para nosotros, que deseamos cumplir cabalmente la gran comisión de hacer discípulos, enseñándoles a cumplir lo que Jesús nos enseñó.

En esta breve sección, Pablo enfatiza tres acciones: Enseñar, sufrir, y recordar. Veremos cada una.

Enseñar
Tú, hijo mío, esfuérzate en la gracia que tenemos en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, encárgaselo a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.
2 Timoteo 2:1-2, RVC
Pablo anima a Timoteo a vivir la paradoja del cristiano: "esfuérzate en la gracia". Timoteo debe hacer un esfuerzo, a la vez que confía en la completa gracia de Cristo Jesús. Y este esfuerzo va encaminado a enseñar a otros.

Por definición, el discípulo hace discípulos que hacen discípulos. No puede haber un discípulo que se contenta con ser muy piadoso y sabio; que se quede con lo que ha aprendido para sí mismo. Lo debe compartir y enseñar a otros. Enseñar a otros que no dependerán de él para siempre, sino que serán capaces de hacer más discípulos.

En la gran comisión, Jesús está mirando hacia el futuro, proyectando lo que sucederá con los que han de creer por el testimonio de los once. Pablo también habla a Timoteo proyectando, por lo menos, cuatro generaciones hacia delante.

No podemos pensar que el mandato de hacer discípulos sea simplemente introducir a las personas a la fe, darles un folleto, llevarlos a escuchar una predicación o guiarlos a hacer una oración. Hacer discípulos es proyectar hacia el futuro, aquellos que serán alcanzados y enseñados por la persona que hoy estemos discipulando.

Sufrir

Tú, por tu parte, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y tampoco el que lucha como atleta es coronado, si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.
2 Timoteo 2:3-7, RVC

El sufrimiento y el costo del discipulado aparece como un tema predominante. No es porque Pablo está en prisión que toca el tema, pues Jesús mismo nunca habló de discipulado sin hablar del costo y sufrimiento que conlleva.

Sufre penalidades, le dice Pablo a Timoteo. Notemos nuevamente la situación desde la que el apóstol escribe. Cuando dice "sufre penalidades" no se trata de una teoría interesante, o de un argumento abstracto. Está hablando desde la experiencia. Timoteo mismo vio muchas veces a Pablo sufrir penalidades como buen soldado de Jesucristo.

El sufrimiento es un aspecto del discipulado que nos muestra cómo se camina para formar un discípulo. Cuando Jesús dijo a sus discípulos que padecerían por su nombre, él mismo ya lo había hecho, y estaba a punto de sufrir en forma máxima por la causa del Reino de Dios.

Hacer discípulos es sufrir juntos, caminar juntos, animar y acompañar. Si Pablo podía animar a Timoteo a la distancia, con una carta, era solo porque ya había caminado junto a él durante años. Hacer discípulos es compartir la vida, el dolor, las cargas, y también las alegrías.

Dar un folleto a un desconocido en la calle o compartirle el evangelio en breves palabras es importante; pero hacer un discípulo es mucho más complejo y doloroso.

Pablo da tres ejemplos claros del sufrimiento del discípulo que hace discípulos. Podemos resumirlos en tres características:

a) La santidad (v. 4, el ejemplo del soldado que es apartado para una sola causa, dejando de lado lo demás)
b) La justicia o rectitud (v. 5, el atleta que compite de acuerdo con las reglas)
c) La diligencia (v 6, el labrador que trabaja duro antes de ver el primer fruto)

Estas tres cualidades implican sufrimiento al vivir en un mundo caído, injusto e impaciente. Ver frutos al discipular a alguien no es inmediato, y requiere entrega, sacrificio, ejemplo, justicia y perseverancia. Pablo mismo sufrió la deserción de varios de sus discípulos y compañeros de misión. ¡Qué doloroso pensar en todo lo invertido! Pero allí estaba Timoteo, dispuesto a sufrir penalidades junto con él.

Recordar
Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, que resucitó de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, y hasta encarcelamientos, como si fuera yo un malhechor; pero la palabra de Dios no está presa. Por eso todo lo soporto por causa de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna. Esta palabra es fiel:
Si morimos con él, también viviremos con él;
Si sufrimos, también reinaremos con él;
Si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel;
Él no puede negarse a sí mismo.
2 Timoteo 2:8-13, RVC

Un discípulo que hace discípulos debe recordar. Parecería innecesario un recordatorio así: "Acuérdate de Jesucristo". Podríamos pensar que Timoteo no tenía necesidad de esa insistencia de Pablo. Después de todo, era un líder, por supuesto que sabía la verdad acerca de Jesucristo.

Pero nunca se debe pasar por alto, o dar por hecho el evangelio. El discípulo está recordando constantemente la verdad fundamental del evangelio: Jesucristo, el Hijo de David, el Hijo de Dios murió por nuestra salvación y resucitó al tercer día. Es tan fácil para el discípulo olvidar esta verdad central, que debe ser animado a acordarse siempre de Jesucristo.

Pablo también invita a su discípulo a recordar a su maestro. Le pide que recuerde que está preso por causa del evangelio. Timoteo debe recordar de quién ha aprendido, y qué ejemplo le ha dado. Es una manera de mantener el ánimo en medio de las dificultades. También es una forma de dar gloria a Dios por la vida de aquéllos que nos han discipulado.

El otro recordatorio es la motivación para hacer las cosas. Pablo dice que todo lo soporta "por causa de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación..." Es importante que el discípulo recuerde siempre la razón de hacer las cosas: Alcanzar a aquéllos que no conocen el evangelio.

Pablo cierra dando un resumen versado de las promesas de Dios para sus discípulos: Viviremos, reinaremos, y Él permanece fiel. Esto viene junto con una advertencia: "Si lo negamos, también él nos negará".

Conclusión

En conclusión, el ejemplo de Pablo y Timoteo nos ha ayudado para ver un retrato de la gran comisión: hacer discípulos. Como hemos podido ver, es un trabajo duro y demandante. El discípulo enseña a otros, sufre penalidades y recuerda la verdad central del evangelio.

La gran complejidad de esta misión puede parecer apabullante; pero recordemos: Él está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Él está haciendo el trabajo antes de que nosotros llegemos. Él toca la mente y corazón del discípulo para ser receptivo a la Palabra.

En este inicio de año, la invitación es comenzar a orar y trabajar con un discípulo. Uno solo. Una persona en la que invertiremos tiempo, esfuerzo, recursos y amor. De esto se trata el discipulado.

¡Que el Señor nos permita ser y hacer discípulos que hacen discípulos!

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